Estaba cubierto por escamas, con un brillo iridiscente que recordaba el metal, un metal precioso de color rojizo con reflejos dorados. Cada escama de su piel era tan grande como él y de una dureza extrema, mayor al más fuerte de los aceros, y un grosor extraordinario. Era impensable que algo pudiese atravesar esa coraza y dañar el interior.
El cuerpo era de un dinosaurio, pero más esbelto, cola larga, cuello largo y fuerte y panza redondeada. 4 patas como columnas sostenían toda la envergadura de aquel ser. A los flancos 2 alas membranosas, que debían de desencadenar una potencia increíble para levantar aquel cuerpo. Eran dos alas de piel, nervudas, que recordaban a la de los murciélagos.
Permanecía quieto y yo también.
Abrió la boca enorme y de dientes afilados y una lengua de fuego salió acompañada de un estruendo.
¿Cómo un animal podía escupir fuego?
No hay comentarios:
Publicar un comentario