Era veinte veces más grande de lo que jamás había imaginado, y eso que toda su vida había soñado y leído acerca de estos seres. Su cabeza sobrepasaba un edificio de 10 plantas, aunque no había ninguno alrededor para verificarlo. Estaban en un claro rodeado por árboles enormes, que resultaban pequeños ante su enorme figura.
Estaba quieto, tomando el sol. Parecía una estatua, sin parpadear, con los ojos abiertos, sin un sólo movimiento, con la cabeza sobrepasando las copas de los árboles. Sólo un tenue movimiento repetitivo, producido por la respiración, dotaba de vida a la escena.
El color rojizo con destellos dorados brillaba y refulgía a la luz del día.
Era lo más bonito que había visto en su vida.
Una sensación de respeto le embargó. Era tan viejo, tan absolutamente viejo... Tenía un aire de atemporalidad, como si el tiempo se parase a 1 mm a su alrededor. Esa criatura había necesitado cientos o miles de años para alcanzar ese tamaño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario